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El fuego purificador de las discográficas (y otras cosas)

Posted on viernes, 6 de febrero de 2009 by Ark

Solo a un asno como a quién esto escribe se le ocurre crear un blog justo cuando se le avecinan semanas con menos tiempo libre de lo habitual. Así que no se me hagan ilusiones que aún no me he cansado del blog y simplemente ando algo liado.

Vamos con una pequeña observación sobre el no muy noble arte de la búsqueda de enlaces de descarga. En los últimos años nos hemos acostumbrado a bajar cantidades ingentes de música vía p2p, torrent o descarga directa, pero un problema ha estado presente siempre: la calidad de los archivos descargados. Me refiero a que dada la celeridad con la que se filtran los discos en la red acostumbramos a bajar avances de estos cuya calidad deja mucho que desear por diversos motivos: mp3's cortados, calidad de sonido mediocre, tracklists incorrectos o, como ha ocurrido con el último (y excelso) album de M. Ward, porque una voz nos recuerda a mitad de disco su fecha de publicación y otros datos que nos obligan a desestimar de nuestro disco duro semejante coitus-interruptus. Y hacen bien, porque este es de esos discos que habría que comprar. Pero al grano.

El caso es que, hasta no hace mucho tiempo, encontrar una versión buena podía convertirse en toda una tortura y en una sucesión de intentos fallidos. En los p2p las versiones mas populares y abundantes eran las primeras filtradas, las defectuosas. Y otro tanto de lo mismo ocurría con los enlaces de descarga: los primeros eran los mas fáciles de encontrar vía Google o cualquier otro buscador. Pero mira por donde que en el último año las discográficas han iniciado y ejercido un papel inquisidor en la red obligando a servicios como Rapidshare o Megaupload a borrar de forma fulminante este tipo de enlaces, por lo que esto ha supuesto que estos perduren apenas unas horas. Esto no ha significado, claro, que este tipo de enlaces hayan desaparecido, sino que, en realidad, lo que ha provocado es un efecto limpiador. Con el disco ya en la calle, los internautas siguen subiendo versiones a la red, solo que ahora ya ripeadas a buena calidad y sin tara alguna, mientras que las discográficas han facilitado la localización de estos enlaces cargándose los anteriores.

Dicho mas claro: si no se hubiesen borrado los primeros enlaces del Hold Time de M. Ward muchos seguirían bajándose aquel insatisfactorio avance, pero gracias a su labor ahora los internautas pueden tener la seguridad de que cuando encuentren uno que funcione, lo mas seguro es que sea el bueno. Una ironía mas a sumar a la ya larga lista que acumula la industria discográfica.



Otras cosas: Aunque ya lo han enlazado en algo así como 87923 sitios de la red no me resisto a comentar lo mucho que me han gustado estas reinterpretaciones de portadas de videojuegos como si estas fuesen de viejos libros de bolsillo. En unas ocasiones por una simple cuestión de estética, en otras por la acertadísima reinterpretación esquemática y minimalista del juego, y en la mayoría de las ocasiones por las dos cosas. Tienen mas aquí y aquí.

Y no me puedo despedir sin hacer notar la aparición de El Mundo Today, un noticiero satírico a lo The Onion que promete ofrecer, desde la ironía, una visión quizás mas ajustada de la realidad en la que vivimos. Y si no, díganselo a los de Menéame, donde algunos se han tragado lo de la tostadora que imprimía la cara de Luis Cobos en las tostadas...

La obsesión en Braid

Posted on jueves, 1 de enero de 2009 by Ark


Braid es, seguramente, no solo uno de los mejores juegos de Xbox Live Arcade, sino probablemente uno de los mejores títulos, en general, de este 2008. Pero como esto ya se ha dicho en muchos sitios y el público potencial del título ya lo conoce y/o lo habrá jugado mejor será no andarnos con zarandajas.

Casi todo aquel que haya jugado a Braid se habrá visto sorprendido por su inesperado final, una resolución que no solo hace volar en pedazos lo que uno espera del clásico argumento heroe-salva-a-princesa-raptada-después-de-superar-decenas-de-pantallas al que, a priori, Braid se ciñe. Sino que además invita al jugador a reflexionar e intentar entender el significado de todo lo que ha visto, de todo lo que ha pasado en el juego, tanto argumentalmente como por la mecánica intrínseca del juego.
Llegados a este punto muchos llegarán a sus propias conclusiones, otros preferirán buscar alguna explicación en la red y alguno habrá que necesite encontrar significado para todas y cada una de las cosas que ha visto en el juego olvidando lo verdaderamente importante: la idea principal.

Y la idea principal en Braid, como todos sabemos, es la obsesión y las consecuencias de esta. Dejando así en el aire una serie de reflexiones que el propio jugador debería resolver sobre las metas, sobre si el esfuerzo hace o no lícito el fin buscado o sobre la validez de los medios para conseguirlo. Pero aún hay mas.

Terminado el juego el jugador tiene la opción de conseguir 8 estrellas para alcanzar un supuesto final alternativo. Y esta es la gran trampa que Jonathan Blow, creador del juego, tiende al jugador que necesita verlo todo, a aquel que necesita ir siempre mas allá para sentirse satisfecho y que no ha quedado conforme con el final que ha visto.
Conseguir estas 8 estrellas es radicalmente imposible sin hacer trampa. La consecución de estas no sigue lógica alguna -al contrario de lo que ocurría con sus siempre inteligentes y lógicos puzzles- y supone, en algún caso, permanecer quieto en un sitio durante ¡2 horas! algo que a nadie de este mundo podría ocurrírsele de no haber mirado alguna guía antes. Y aquí está el truco: en la web oficial de Braid hay un walktrough que deja las cosas bien claras: "por favor, no uses una guía". Por tanto, si quieres conseguir esas 8 estrellas y en consecuencia ese final alternativo tendrás que saltarte las propias reglas que el creador del juego ha dejado claras, haciendo trampa y ejerciendo una serie de conductas absolutamente aburridas y tediosas por el simple hecho de llegar adonde te han dicho que no tienes que llegar.
De este modo, Braid convierte al jugador en el alter ego perfecto del protagonista del juego: en un personaje obsesionado para el cual el fin justifica los medios, incluso cuando el fin no está nada claro.

Probablemente, aquellos que consigan llegar hasta ese final alternativo se limitarán a pensar en un simple "¡lo he conseguido!", aunque, hablando del juego que estamos hablando, quizás lo mas lógico sería pensar un "¿qué he hecho?".