
Nunca había hablado por aquí de Fringe entre otras cosas porque en realidad no he hablado de casi nada en este blog. Baste decir que me parece una de las series mas infravaloradas y vilipendiadas de la pasada temporada por esa clase de personas que lo resuelven todo con un "todos los episodios son iguales" (por lo que deberiamos cargarnos toda serie de episodios autoconclusivos sin mirar nada más) o un "esto es como Expediente X" (lo que confirma que o bien han visto un par de episodios, o no se han enterado de nada, o creen que el resto de series que ven son el colmo de la originalidad y carecen de referentes previos). Pero no es de la serie en sí de lo que quiero hablar, sino de uno de sus protagonistas: el doctor Walter Bishop.
Que el personaje interpretado por John Noble es una de las grandes virtudes de la serie es algo que no se le escapa ni a sus detractores, y que nos encontramos ante el clásico "mad doctor" visto tantas veces antes es evidente.
Bueno, o no visto tantas veces antes. Walter Bishop puede ser un ciéntifico chiflado, pero sin unas características propias que le alejen del clásico arquetipo dificilmente podría haber alcanzado una personalidad propia que le hiciese tan carismático y divertido. Pero aún así, siempre me ha sorprendido lo extrañamente familiar que me resultaba el personaje hasta que hace unos días, escuchando música, descubrí a quién me recordaba realmente. Y no, no se trataba de otro personaje de ficción, sino del mismísimo Brian Wilson, lider de los Beach Boys, compositor chiflado donde los haya y superviviente nato.
¿Estoy diciendo, por tanto, que el personaje de Walter Bishop está inspirado en Brian Wilson? Realmente no, pués ya hemos comentado que en el fondo estamos hablando de un rol, el del científico loco, que ya hemos visto muchas veces antes. Pero sí que me he permitido el lujo de ponerme en modo conspiranoico y divertirme buscando paralelismos imposibles y coincidencias de todo tipo. No hay que olvidar que ayuda bastante el buen gusto de la factoría J.J. Abrams a la hora de introducir toda clase de guiños culturales en sus series incluyendo, lógicamente, muchos refentes a la música pop de las últimas décadas. Así que si me lo permiten, pasemos a enumerar estos paralelismos y juzguen ustedes mismos si existe alguna pequeña posibilidad de que entre los creadores y guionistas de Fringe haya fans de Brian Wilson y su obra dispuestos a introducir alguna de sus características en uno de sus personajes.
- El primer parecido entre Brian Wilson y Walter Bishop salta a la vista si uno está al tanto del estado mental actual del ex-líder de los Beach Boys y especialmente si ha visto el documental "Beautiful Dreamer: Brian Wilson and The Story of Smile" (o algún otro documento similar). En este, y a pesar de ofrecer una visión simpática y amable del creador de Pet Sounds, se refleja como la lucidez y cordura de Wilson se deja ver solo en momentos contados de inspiración que el resto de su troupe (los Wondermints y Van Dyke Parks) deben aprovechar para sacar adelante la grabación definitiva de Smile, mientras que el resto del tiempo es un continuo desfile de cambios de humor repentinos, incapacidad para recordar cosas, actitudes infántiles y arranques de inseguridad y mal humor. Es decir, nos encontramos ante un genio envejecido y medio senil cuya genialidad solo sale a la luz en momentos contados dentro de un desfile de reacciones impredecibles. La descripción encaja a la perfección con la personalidad de Walter Bishop en Fringe, pero desde luego hay que verlo con los propios ojos para confirmar que el parecido es mas que razonable. A todo esto hay que sumar que antes de llegar a este estado Brian Wilson se sometió a todo tipo de terapias psiquiátricas e ingresos en residencias mentales del mismo modo que Bishop permaneció 17 años en el hospital St. Claire's.
- Por si todo lo anterior fuese poco, tanto Wilson como Bishop tienen cuentas que saldar con el pasado. Si el primero se ve en la situación de terminar Smile casi 4 décadas después de haberlo comenzado, recuperando todo tipo de grabaciones, documentos y haciendo un buen ejercicio de memoria pese a sus carencias mentales, a Bishop le ocurre otro tanto a la hora de recuperar toda clase de experimentos, terapias y cacharros varios muchas veces no terminados en su día. No es dificil encontrar en Fringe decenas de momentos en los que ver a Walter afirmando que tiene que terminar algo que dejó a medias en el pasado.
- LSD. No es un detalle de muchas importancia, pero tanto Brian Wilson como Walter Bishop (como comenta por ejemplo en el último episodio de la primera temporada) experimentaron con esta droga antes de acabar como regaderas.
- Otro dato no muy relevante, pero curioso. Walter Bishop, a pesar de que resulta mas facil imaginarle encerrado en un laboratorio, tiene una casa en la playa.
- Vacas. Lo primero que viene a la mente es que Walter Bishop tiene una vaca en el laboratorio un poco porque sí, y que Brian Wilson es el autor del instrumental Mr.s O'Leary's Cow. Una curiosidad similar a las dos anteriores pero que tiene mas miga de lo que parece.
La vaca de la señora O'Leary es, según la leyenda, la que inició el gran incendio que asoló Chicago en 1871, de ahí que este instrumental se conociese originalmente como Fire. Pero esto tiene una relevancia aún mayor si recordamos que este corte es el que supuso el fin definitivo de Smile en 1967. Dejando al margen la pretensión de Wilson para que sus músicos grabasen vestidos de bomberos, lo cierto es que la coincidencia en el tiempo de unos incendios en California supuso que Brian creyese que él era responsable de estos por culpa de su canción y que esto le llevase a tirar al fondo de una piscina la cinta donde había grabado el tema. Después de esto, Smile permanecería en el limbo 37 años y Brian Wilson nunca volvería a ser una persona cuerda.
Si volvemos a Walter Bishop, conviene recordar qué es exactamente lo que supuso su ingreso en St. Claire's: un incendio en su laboratorio que supuso la muerte de su ayudante y del que se le responsabilizó a él. Es decir, que tanto en el caso de Wilson como en el de Bishop el fuego y los incendios supusieron el final de sus actividades y el comienzo de su descenso a los infiernos del psiquiátrico.
En 2004 Brian Wilson fué capaz de regresar a Smile y grabar de nuevo Fire, esta vez titulada definitivamente Mrs. O'Leary's Cow, y en su regreso a su laboratorio, Walter Bishop pide, en lugar de una ayudante, una vaca que le haga compañía. Y es que, donde esté una vaca que se quite cualquier terapia.
Por cierto, la vaca de Walter Bishop se llama Gene, seguramente por "genetics" como bien cuenta la Fringepedia. Esto no tiene por tanto ninguna relación con Brian Wilson, aunque casualmente sí que hay un Gene en la vida de Wilson: Eugene Landy, su psicólogo personal y con quién su relación fué tan estrecha que tiene espacio incluso en la Wikipedia.
- Seguramente a estas alturas ya os habreis dado cuenta, pero las iniciales de Walter Bishop y Brian Wilson son las mismas pero al revés. WB y BW.
- Walter Bishop sabe tocar el piano. Esto es algo que vemos de forma fugaz en el tercer episodio de Fringe, The Ghost Network, y creo que no hace falta recordar que es el instrumento favorito de Brian Wilson, el que toca en los directos y con el que normalmente compone música. Tampoco conviene olvidar que el piano se queda en el laboratorio de Bishop y vuelve a aparecer en The Equation. Además, descubrimos que Walter llevó a su hijo Peter de pequeño a dar clases de piano y que este sabe tocar estupendamente.
Venga, una última curiosidad para rizar el rizo. Al final de The Ghost Network Peter toca al piano Someone to Watch Over Me para Olivia, lo que provoca un gran interés y atención por parte de Walter. Que yo sepa Brian Wilson nunca ha versionado este tema de George Gershwin, pero si echamos un vistazo a la Wikipedia es interesante descubrir el enorme impacto que le supuso a Brian Wilson escuchar, ¡a la edad de 2 años!, Rhapsody in Blue de ¿adivinais? George Gershwin.
- Y venga, vamos con el último paralelismo. En el segundo episodio de Fringe, The Same Old Story, Walter no puede dormir porque echa de menos una canción que canturreaba un compañero de psiquiátrico todas las noches. Al final del episodio, Peter toma la decisión de cantarle esta canción a su padre para que pueda dormir. Lo curioso del asunto es que se trata de lo que en estados unidos se conoce como una "children's song", es decir, una canción infantil. Y seguramente cualquier fan de Brian Wilson esté pensando ya en Song for Children y su continuación inmediata Child is Father of the Man. Lo interesante ya no es solo ese interés tanto de Walter como de Brian por estas canciones infantiles, sino que en Child is Father of the Man padre e hijo se intercambian los papeles, y el niño es el padre del hombre como repite la canción una y otra vez. Exactamente como al final de este episodio donde es Peter quién ejerce de padre y Walter de hijo. Una temática que estará presente en casi toda la serie.
Por cierto, no he mencionado que la children's song que tanto gusta a Walter Bishop y que tanto necesita para dormir es Row Row Row your Boat. Lo que no dejaría de ser un dato anecdótico si no fuese porque... Brian Wilson suele canturrearla junto al público en algún momento de casi todos sus conciertos...
Y dicho esto, no se tomen muy en serio nada de esto o acabarán creyendo también cualquier teoría conspiratoria que lean por ahí. Aprovechen, mejor, para echarle un vistazo a Fringe si no la han visto o para escuchar algo de la obra de Brian wilson. Y, eso sí, no olviden que nunca está de más conocerse bien el Good Vibrations. Nunca se sabe cuando lo van a poder necesitar...
¿Walter Bishop o Brian Wilson?
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Adriá, al fresco!
Ferrán Adriá es, para algunas personas, ese emperador desnudo que engaña a todos o, al menos, al puñado de pijos aburridos y adinerados que están dispuestos a pagar por sus ridículos experimentos. Conclusión esta a la que suelen suceder, en una apasionante tertulia de bar, otras como "todo el cine español es una basura infumable y por eso yo nunca lo veo".
En fin, que no descubro a nadie que el listillo de bar suele ser aquel que mas cosas ignora y de mas cosas habla. Pero lo que no es tan normal es que la alta cocina, y concretamente uno de sus artífices, esté en boca de todos. O que en los bares ya incluso se inicien estériles debates en torno a la cocina tradicional y la cocina de autor en lugar de discutir si aquello fué fuera de juego o no.
Ferrán Adriá lleva camino de convertirse en una de las figuras mas famosas e internacionales de nuestro país. También, como sugería en el primer párrafo, en una de las mas desconocidas. Es cocinero pero no sale en la tele haciendo sus recetas. Tiene un restaurante pero muy pocos lo han pisado. Y es facil fantasear con un Adriá estirado y relamido, junto a sus compañeros de profesión, debatiendo si lo mas adecuado para el gazpacho decontruido a la miel es darle un toque de nitrógeno o uno de detergente Ariel en pastillas.
Por eso me ha hecho tanta gracia este video que acabo de encontrar en Soitu, extracto de unos documentales de la ETB sobre la gastronomía vasca, donde le vemos junto a Juan Mari Arzak, tomando unas cañas, en uno de esos apasionantes debates de bar que comentabamos al principio. La discusión, centrada en la frescura de la anchoa (¿tiene que ser del día o da igual?) nos presenta a un Arzak cascarrabias que no acepta que le lleven la contraria y a un Adriá haciéndose el loco mientras parece pensar "tu gruñe que yo de este burro no me bajo". Una estampa digna del Al Fresco de Muchachada Nui, que casualmente ya catapultaron a Adriá a la categoría de icono pop con su correspondiente e inolvidable Celebrities y que, como casi siempre, parodiaron mejor que nadie no solo al personaje, sino a la visión popular que de este se tiene.
PD: Lo que son las casualidades, justo cuando estaba a punto de publicar esta entrada, me he pasado por la web de Muchachada Nui para enlazar el Celebrities y me he encontrado en su blog esta entrada llamada Ferrán Adriá mola. Parece ser que al afamado cocinero le gustó su parodia y le gusta el programa. Al final todo acaba encajando.
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El tren de la bruja de Lost
Regresa Lost y lo hace por todo lo alto. Reinventándose por enésima vez y avisando de que quizás no todos estén preparados para seguir montados en este tren de la bruja que, promete, ir mas revolucionado y pasado de vueltas que nunca.
Si la primera temporada fué una presentación de personajes y en las dos siguientes se profundizó en el desarrollo de estos junto a un recurso, el del flashback, que comenzaba a agotarse, la serie se despidió hasta la explosiva cuarta temporada con un nuevo recurso, el flashfoward. De esta manera, Carlton Cuse y Damon Lindelof redefinían la serie como un complejo puzzle donde presente, pasado y futuro se relacionaban entre sí mediante su estructura narrativa, centrando cada episodio en un personaje, en lo que le estaba pasando, le pasó y le pasaría mas adelante.
Pero episodios como The Constant ya apuntaban a que la relación presente, pasado y futuro iba a ir mas allá de la forma en que la serie contaba la historia... para pasar a formar parte de esta. Y de este modo, y sin rodeo alguno, la quinta temporada comienza explotando los viajes en el tiempo y las consiguientes paradojas convirtiendo a Lost, una vez mas, en una serie mutante, que no solo no se ciñe a la estructura narrativa de las anteriores temporadas, sino que las hace saltar por los aires.
La capacidad de sorpresa pues, aumenta, y queda perfectamente definida la linea argumental de esta temporada. Sobre unas ideas, las de las paradojas temporales, que llevaban cociendose desde los comienzos de la serie pero que sus creadores han sabido guardar celosamente hasta ahora. Y que debería haber servido para tener tiempo de definir y escribir unas reglas que encajen en el complejo puzzle de Lost, lejos de las chapuzas improvisadas de otras series que prefiero no nombrar.
A pesar de todo, se arriesgan a encolerizar a los fans mas talibanescos y puristas, a aquellos que exigen que la serie sea como en sus origenes (¿que sigan definiendo a los personajes?), realista (¿¡realista!?) y que todo tenga una explicación "científicamente" creible (lo que coño quiera significar eso). Para esos los creadores tienen también una respuesta, y esta la encontramos en la escena en la que vemos a Hurley contándole a su madre toda la verdad sobre la isla: una historia absolutamente rocambolesca de monstruos de humo, malos llamados "los otros" y botones que hay que pulsar cada 108 minutos para que no se acabe el mundo. Vamos, como comprar el pan los domingos.
El mensaje es claro: "Esto es lo que hay, así que no nos vengas con monsergas a estas alturas. Si te gusta, te quedas, y si no, te bajas del tren".
Yo me quedo.
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¿Cuáles son los valores de Muchachada Nui?
Probablemente, el capítulo de Reflexiones de Repronto que definitivamente hará que el reprontismo conquiste toda la red. Y si no lo hace, es que hay demasiada gente en este mundo que no merece tener internet.
Hace unos meses la diputada Macarena Montesinos preguntaba al director de RTVE sobre los objetivos de servicio público que tiene Muchachada Nui, y ante la inconsistencia de la respuesta de este, Reflexiones de Repronto nos ilumina, en su capitulo 17, con la contestación definitiva a semejante duda. Gocen.
Enlace: Reflexiones de Repronto
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Algunos apuntes sobre la tercera temporada de The I.T. Crowd
Aviso: Spoilers a cascoporro. Usted sabrá lo que se hace.
Son varios los sitios en la red donde, después del primer episodio de la tercera temporada de The I.T. Crowd se habló de cierta decepción o de que no empezó bien. Desde el casi siempre acertado Hernán Casciari (que en realidad no argumentó el por qué mas allá de un "a mi invitado no le ha gustado") hasta el ejercito habitual de frikazos que protestan en blogs y foros cada vez que una serie o película no es exactamente como ellos quieren que sea.
Discrepo radicalmente de estas opiniones. El primer episodio de temporada fué magnífico, rozando el sobresaliente, y la temporada en conjunto está a altura de las anteriores, otra cosa es que se pierda factor sorpresa.
Hay cosas que cambian, unas que mejoran y otras que empeoran, algunos personajes se desarrollan mas y mejor y se pierden matices geek pero se gana en sátira social. Pero vayamos por partes.
El hecho de reducir la serie a 6 episodios por temporada eleva, que duda cabe, las expectativas a alturas estratosféricas. Y si le sumamos a esto el típico y cansino "ya no es tan buena como antes" que suele aplicar el 90% de los mortales a cualquier serie de TV que alcanza su tercera temporada obtenemos la respuesta a como pudo decepcionar a algunos ese primer episodio. Un episodio estupendo, plagado de guiños a capítulos anteriores, con la recuperación del gag del teléfono de emergencias y un cameo de Denholm incluidos. Pero, sobre todo, excelentemente estructurado.
Como bien sabían hacer los creadores de Seinfeld (una sitcom que a estas alturas sigue sirviendo como referente a la hora de crear guiones) los guionistas de The I.T. Crowd no solo saben manejar a la perfección varias subtramas simultáneas, sino que saben hacerlas crecer y crecer para acabar cruzándolas y hacerlas explotar en uno de esos finales absolutamente brillantes y despiporrantes. No sé si a algunos le parecerá fácil, pero incluso sitcoms tan notables como 30 Rock tienden a apostar por subtramas "de relleno" que en ningún momento se relacionan con la principal. Pasa también en algunas ocasiones en The I.T. Crowd, como por ejemplo en el segundo episodio de esta misma temporada, donde las tramas de Roy y Moss por un lado, y la de Jen y su novio el mago por otro, parecen ir a ritmos distintos.
El personaje de Douglas, uno de los mas discutidos y discutibles de la segunda temporada gana enteros en esta tercera. Ahora que ya nos hemos olvidado un poco del hueco que dejó la desaparición de Denholm, el personaje de su hijo parece conseguir su espacio, y se convierte en toda una fuente de gags groseros, estúpidos y delirantes. Una de las primeras carcajadas de la temporada llega con la presentación de su "equipo de contables" (el mejor que nunca ha tenido) y su protagonismo en el primer episodio no solo es comparable al del trio protagonista, sino que está a la altura. En otras ocasiones, puede protagonizar toda una subtrama razonablemente sólida (impagable la de su relación con aquella mujer que "solía ser de Irán") o poner la guinda a un episodio que parecía que ya no podía mejorar, como en el caso de su aparición sorpresa durante la kedada de Jen con sus ex-compañeros de instituto.
Roy es el gran protagonista. Y adquiere un protagonismo absoluto e inédito en temporadas anteriores, reduciendo a Moss, en algunas ocasiones como en Calendar Geeks, a mero secundario. Y es que las diferencias entre ambos personajes son mas claras y están mas definidas que antes. Moss es el representante geek absoluto, pero Roy es un personaje mas universal, con el que es mas facil identificarse, que representa al inadaptado social. Un personaje que a veces pretende salir, con poco éxito, de su reducido e inexistente círculo social (y arrastrar a un mas reacio Moss con él) y que intenta por todos los medios conseguir una cita con una mujer (algo que Moss ni se plantea).
Los mejores momentos de esta temporada están protagonizados por Roy, así como las principales tramas y logra sobresalir después de tanto tiempo eclipsado por el carisma de su compañero de trabajo. Este hecho hace perder a la serie parte de sus vínculos mas directos con el mundo geek e informático (aunque siguen muy presentes, claro, y esto depende mucho también del episodio) pero sirve para enfrentar a Roy a todo tipo de circunstancias disparatadas mas allá de su relación con los ordenadores y su trabajo.
Chris O'Dowd es el gran protagonista. El actor que encarna a Roy se revela ahora mas que nunca como un cómico excelente, con un talento excepcional para la mímica y el humor gestual en el que se basan muchos de los mejores gags de la serie o que sirven para rematar otros. Como ejemplo de lo primero, basta recordar la cara de Roy al ver a Douglas tirar por la ventana sus 20 libras, el intento posterior de recuperarlas haciendo equilibrios en la ventana, la expresión traumatizada después de su sesión fotográfica nerd o su intento de sonreir a petición de Jen. Y como ejemplo de cómo rematar un buen gag, podemos recordarle absolutamente alucinado después del apasionado beso que le propina Moss al final del segundo episodio. Un gag, por cierto, que no solo merecería estar en un top 3 de grandes momentos de la serie, sino que podriamos analizar con todo detalle como ejemplo de como estirar un buen chiste no solo sin cargártelo, sino haciéndolo crecer y crecer y llevarlo mucho mas lejos de lo que el espectador podría esperar. Toda una cima.
La sátira está, quizás, mas presente que nunca. Especialmente en los dos últimos episodios de la temporada. El capitulo dedicado a Frienface, como ya hiciese aquel de Moss y el alemán donde se pitorreaban de las campañas antipiratería, es un guiño excelente a todos los internautas que siguen la serie y que probablemente también se han visto arrastrados hasta alguna red social como Facebook, a pesar de sus reticencias iniciales. Como en la realidad, los protagonistas empiezan resistiéndose, acaban siendo convencidos por algún analfabeto informático, enganchándose al invento, perdiendo el tiempo en chuminadas y, comprendiendo que, volver a contactar con gente de los tiempos del colegio, instituto o universidad quizás no es tan buena idea. Paradójicamente ahora existe un Frienface real en internet e incluso tiene su propio grupo en... Facebook!
En cuanto a Calendar Geeks, y pese a lo que podríamos pensar por su título, la sátira se aleja del mundo geek y señala con el dedo directamente a la mojigatería y a la hipocresía de la sociedad. Inspirado claramente en la famosa polémica suscitada por el calendario de las azafatas de RyanAir, que fué acusado de machista y sexista, debería ser de visión obligatoria en las clases de educación para la ciudadania, así como por toda la pandilla de borregos e idiotas que, sin pararse a pensar, escupieron toda su bilis sobre el famoso calendario. Y es que pocas veces en una sitcom se sabe articular tan bien un discurso que fulmina de forma absolutamente demoledora la doble moral de los escandalizados de turno.
Y, por último, Jen es la representación perfecta de esa sociedad hipócrita que comentaba en el punto anterior, que huye como de la peste de aquellos que no saben adaptarse y que sacrifican aquello que les hace diferentes para poder formar parte del rebaño. Esa sociedad dominada por las apariencias y que ocupan puestos de trabajo para los que no están preparados probablemente porque aquellos que les rodean tampoco están preparados para lo que están haciendo (y de ahí el éxito de aquel discurso de Jen sobre la red).
De este modo, Jen sería la némesis de Moss, dejando así a Roy en una especie de punto intermedio entre ambos que probablamente le ha servido para adquirir ese peso que señalaba antes. Pero siguiendo con Jen, y para que nadie me malinterprete, hay que señalar que su personaje no está tratado con crueldad, o al menos, no con mas crueldad con la que se construye a los otros protagonistas. Si algo nos deja claro la serie es que Jen es absolutamente indispensable para Roy y Moss: es su contacto con la realidad, su enlace con un mundo que no comprenden y al que no se saben adaptar. Una breve ausencia de Jen puede suponer que Roy viva las dos peores horas de su vida y esta, a su vez, aprenderá de sus subordinados una serie de conocimientos tan enriquecedores como el hecho de saber quienes son Guided by Voices.
Al final, la conclusión es que los protagonistas se complementan mutuamente y que, independientemente de su afán por encajar o no, todos acabamos como al final de Friendface, huyendo de alguna estupida situación social con el rabo entre las piernas.
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